¿El PRI en la Ciudad de México?


Algo sucede con el Partido Revolucionario Institucional, que no ha sabido hacerse sentir como corresponde en la Ciudad de México. Sin duda, se trata del partido con mayor alcance y penetración, tanto a nivel nacional como local; sin embargo, desde que inició la alternancia democrática en la Ciudad De México, el Partido Revolucionario Institucional no ha ejercido un liderazgo real, legitimo y representativo en la capital del país.

 

Una ciudad tan compleja como ésta, no entiende de estructuras tecnoburocráticas (a pesar de su existencia y su impacto real), no funciona cotidianamente con base en aparatos preestablecidos de movilización, ni responde a priori a apegos sempiternos hacia sectores obreros, populares o campesinos de manera única. La evolución de una ciudad, implica, a su vez, la modificación progresiva de la asimilación de lo político por parte de sus ciudadanos; y en esa evolución el PRI no ha sabido estar ahí.

Esto no quiere decir que la izquierda entienda plenamente, o haya comprendido en algún momento, dicha evolución; pero, sin duda, esa izquierda supo capitalizar las circunstancias y abanderar las causas sociales que, en ese momento, la sociedad exigía de la mano de Cuauhtémoc Cárdenas .

Porque de eso se trata la política en las metrópolis y en la grandes ciudades: de abanderar causas y aspiraciones de forma contundente. La gente común de la capital no tiene tiempo, ni quiere tenerlo, para agremiarse a la CTM, a la CNC, o a la CNOP; por lo general, en lo último que piensa un joven capitalino, es en militar en las juventudes de Acción Nacional o en la renombrada Red de Jóvenes. Por el contrario, la gente de la metrópolis busca con ahínco que la política contribuya a resolver los problemas cotidianos sin quitarles el tiempo; y sí, que haga más llevadera la manera de habitar los espacios compartidos.

En una ciudad tan compleja como ésta, la mayoría es la suma de las minorías; y la identificación de causas comunes al interior de esta diversificada sociedad, constituye el reto de los partidos políticos de alcance nacional; fenómeno que, del mismo modo, se reproduce en las incipientes metrópolis, que también suelen ser olvidadas, aunque de otra manera. En este sentido, las viejas categorías de clasificación social (obreros, campesinos, comerciantes, profesionistas, etcétera) se muestran obsoletas e inservibles para enfrentar la coyuntura actual.

Por eso, si el PRI, como partido, quiere pasar de las victorias pírricas a la representación real, del triunfo apenas rasguñado a la política, deberá entender y asumir las nuevas realidades sociales, y las inéditas causas implicadas, con las que se identifican los capitalinos; dejar atrás las estructuras decadentes que –si bien le siguen redituando en el ámbito más olvidado del país–, elección tras elección, muestran su agotamiento.

Es el propio pragmatismo del PRI el que lo ahoga en la Ciudad de México; es la falta de definiciones claras en torno a los temas cruciales de interés general para las minorías en las que el PRI se muestra más indeciso y torpe, a pesar de que las propias mayorías minoritarias se manifiestan a favor; por ejemplo, que la mujer pueda interrumpir su embarazo en libertad y con serenidad; que las personas que tienen una preferencia político-sexual tengan la posibilidad de casarse y adoptar infantes que, con demasiada frecuencia, se encuentran en peores escenarios, dado que están arrojados a su propia suerte; y también la legalización de la marihuana. Y es esa indefinición ideológica es el impedimento para que el PRI alcance su propia época y se compenetre con las exigencias actuales de la capital, y del país.

No hay duda de que la izquierda he ejercido el poder de manera populista y clientelar, como seguramente se ha establecido en los demás lugares en los que gobierna; sin embargo, la izquierda tuvo, en el momento de la coyuntura, una virtud: entendió las nuevas exigencias de la sociedad, y no tuvo miedo de abanderar sus causas, por liberales que pudieran haber parecido cuando enfrentaron la coyuntura.

Sin embargo, como es de conocimiento público, es su propia torpeza en otros ámbitos la que tiene a la izquierda más fragmentada que nunca; y simultáneamente, el partido que se dice heredero de los valores revolucionarios (liberales) no ha sabido reinventarse en la denominada “ciudad de las libertades”; tarea por demás necesaria e inminente, si se tiene presente que la capital del país es la punta de lanza de numerosas pautas del país; precisamente porque, sin duda y en más de un sentido, constituye el núcleo del poder político de esta nación.

Escrito por: Jorge Ivan Dominguez


Acerca de Jorge Iván Domínguez
Maestro en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Panamericana, ha desempeñado cargos públicos en los tres ordenes de gobierno, también ha dirigido think thanks y ONG’s a nivel local y es consultor en Políticas Públicas, Debate Político y elaboración de Planes y Programas de Gobierno.

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